EL UNIVERSO CENTRAL Y DIVINO
EL UNIVERSO PERFECTO y divino ocupa el centro de toda la
creación; es el núcleo eterno alrededor del cual giran las vastas creaciones
del tiempo y el espacio. El Paraíso es la gigantesca Isla nuclear de
estabilidad absoluta que reposa inmóvil en el corazón mismo del magnífico
universo eterno. Esta familia planetaria central se llama Havona
y está muy distante del universo local de Nebadon. Es
de dimensiones enormes y de una masa casi increíble, y consta de mil millones
de esferas de belleza inimaginable y de majestuosa grandeza, pero la verdadera
magnitud de esta vasta creación excede totalmente la comprensión de la mente
humana.
Esta es la única colección consolidada, perfecta y establecida de mundos. Éste es un universo completamente creado y perfecto; no es un desarrollo evolutivo. Éste es el núcleo eterno de perfección, en torno al cual gira esa procesión infinita de universos que constituyen el formidable experimento evolutivo, la audaz aventura de los Hijos Creadores de Dios, que aspiran a duplicar en el tiempo y a reproducir en el espacio el modelo original del universo, el ideal divino de lo completo, de la finalidad suprema, de la realidad última y de la perfección eterna.
LA ORGANIZACIÓN DE LOS SUPERUNIVERSOS
Tan sólo el
Padre Universal conoce la ubicación y el número actual de los mundos habitados
en el espacio; los llama a todos por su nombre y su número. Yo tan sólo puedo
daros el número aproximado de planetas habitados o habitables, porque algunos
universos locales tienen más mundos adecuados para la vida inteligente que
otros. Tampoco están ya organizados todos los universos locales proyectados.
Por lo tanto los cálculos que os ofrezco son únicamente para el propósito de
daros una idea de la inmensidad de la creación material.
Hay siete superuniversos en el gran universo, y están constituidos
aproximadamente como sigue:
1. El sistema.
La unidad básica del supergobierno consiste en
aproximadamente mil mundos habitados o habitables. Los soles llameantes, los
mundos fríos, los planetas demasiado cercanos a los soles calientes, y otras
esferas que no son adecuados para que lo habiten criaturas, no se han incluido
en este grupo. Estos mil mundos adaptados para mantener la vida se denominan un
sistema, pero en los sistemas más jóvenes tan sólo un número comparativamente
pequeño de estos mundos puede estar habitado. Cada planeta habitado está
dirigido por un Príncipe Planetario, y cada sistema local tiene una esfera
arquitectónica como su sede central y está gobernada por un Soberano del
Sistema.
2. La
constelación. Cien sistemas (unos 100.000.000 planetas habitables) forman una
constelación. Cada constelación tiene una esfera sede central arquitectónica y
es presidida por tres Hijos Vorondadec, los
Altísimos. Cada constelación también tiene un Fiel de los Días como observador,
el embajador de la Trinidad del Paraíso.
3. El universo
local. Cien constelaciones (unos 10.000.000.000 de planetas habitables)
constituyen un universo local. Cada universo local tiene un magnífico mundo
sede central arquitectónico y lo gobierna uno de los Hijos Creadores
coordinados de Dios de la orden de Miguel. Cada universo está bendecido por la
presencia de un Unión de los Días, el representante de la Trinidad del Paraíso.
4.El sector menor. Cien universos locales (aproximadamente
1.000.000.000 de planetas habitables) constituyen un sector menor del gobierno
superuniversal; posee un maravilloso mundo sede central, desde el cual sus
gobernantes, los Recientes de los Días, administran los asuntos del sector
menor. En cada sede central de un sector menor hay tres Recientes de los Días,
Personalidades Supremas de la Trinidad.
5.El sector mayor. Cien sectores menores (alrededor de
100.000.000.000 de mundos habitables) constituyen un sector mayor. Cada sector
mayor posee una extraordinaria sede central y es presidido por tres
Perfecciones de los Días, Personalidades Supremas de la Trinidad.
6.El superuniverso. Diez sectores
mayores (aproximadamente 1.000.000.000.000 de planetas habitables) constituyen
un superuniverso. Cada superuniverso
tiene un mundo sede central enorme y glorioso y está
gobernado por tres Ancianos de los Días.
7.El Gran Universo. Siete superuniversos
constituyen el actual gran universo organizado, que consiste en aproximadamente
siete billones de mundos habitables además de las esferas arquitectónicas y de
los mil millones de esferas habitadas de Havona. Los superuniversos son gobernados y administrados indirecta y reflectivamente desde el Paraíso por los Siete Espíritus
Rectores. Los mil millones de mundos de Havona son
administrados directamente por los Eternos de los Días, habiendo una de estas
Personalidades Supremas de la Trinidad para cada una de estas esferas
perfectas.
Excluyendo las
esferas del Paraíso-Havona, el plan de la
organización universal provee las siguientes unidades:
- Superuniversos: 7
- Sectores mayores: 70
- Sectores menores: 7.000
- Universos locales: 700.000
- Constelaciones: 70.000.000
- Sistemas locales: 7.000.000.000
- Planetas habitables: 7.000.000.000.000
Cada uno de los
siete superuniversos está constituido,
aproximadamente, como sigue:
- Un sistema comprende, aproximadamente: 1.000 mundos
- Una constelación (100 sistemas): 100.000 mundos
- Un universo (100 constelaciones): 10.000.000 de mundos
- Un sector menor (100 universos):
1.000.000.000 de mundos
- Un sector mayor (100 sectores
menores): 100.000.000.000 de mundos
- Un superuniverso (10 sectores
mayores): 1.000.000.000.000 de mundos
Todos estos
cálculos son a lo sumo aproximaciones, porque nuevos sistemas están
evolucionando constantemente, mientras que otras organizaciones pasan
temporalmente fuera de la existencia material.
3. EL SUPERUNIVERSO DE ORVONTON
Prácticamente
todos los reinos estelares visibles a simple vista desde Urantia
pertenecen a la séptima sección del gran universo, el superuniverso
de Orvonton. El vasto sistema estelar de la Vía Láctea
representa el núcleo central de Orvonton, en gran
parte más allá de los límites de vuestro universo local. Esta gran agregación
de soles, islas oscuras del espacio, estrellas dobles, grupos globulares, nubes
estelares, espirales y otras nebulosas, juntamente con miríadas de planetas
individuales, forma un grupo como un reloj circular alargado, de
aproximadamente un séptimo de los universos habitados evolucionarios.
Desde la
posición astronómica de Urantia, al mirar a través de
un corte transversal de los sistemas cercanos a la gran Vía Láctea, observáis
que las esferas de Orvonton viajan en un vasto plano elongado, siendo el alcance mucho más grande que el espesor
y la longitud mayor que el alcance.
La observación
de la así llamada Vía Láctea revela el aumento comparativo de la densidad
estelar en Orvonton cuando los cielos se observan en
una dirección, mientras que a los lados la densidad disminuye; el número de
estrellas y otras esferas disminuye al alejarse del plano principal de nuestro superuniverso material. Cuando el ángulo de observación es
propicio, mirando a través del cuerpo principal de este reino de máxima
densidad, estáis mirando hacia el universo residencial y el centro de todas las
cosas.
Los astrónomos
de Urantia han identificado aproximadamente ocho de
las diez divisiones mayores de Orvonton. Es difícil
reconocer separadamente las otras dos porque estáis obligados a visualizar
estos fenómenos desde el interior. Si pudierais observar el superuniverso
de Orvonton desde una ubicación vastamente
distante en el espacio, inmediatamente reconoceríais los diez sectores
principales de la séptima galaxia.
El centro de
rotación de vuestro sector menor está ubicado lejos, en la enorme y densa nube
estelar de Sagitario, alrededor de la cual vuestro universo local y sus
creaciones asociadas giran, y desde los lados opuestos del vasto sistema subgaláctico Sagitario podéis observar dos grandes
corrientes de nubes estelares que surgen en estupendas espirales estelares.
El núcleo del
sistema físico al que pertenecen vuestro sol y sus planetas asociados es el
centro de la entonces nebulosa Andrónover. Esta
nebulosa espiral anterior fue ligeramente distorsionada por las interrupciones
de la gravedad asociadas con los acontecimientos que se relacionaban con el
nacimiento de vuestro sistema solar, y que se ocasionaron por el acercamiento
peligroso de una nebulosa grande vecina. Este casi choque transformó Andrónover en una agregación bastante globular pero no
destruyó totalmente la procesión de doble dirección de los soles y de sus
grupos físicos asociados. Vuestro sistema solar ocupa actualmente una posición
relativamente central en uno de los brazos de esta espiral distorsionada,
ubicada cerca de un punto intermedio desde el centro hacia afuera hacia los
límites de la corriente estelar.
El sector de
Sagitario y todos los demás sectores y divisiones de Orvonton
están rotando alrededor de Uversa, y parte de la
confusión de los astrónomos urantianos surge de las
ilusiones y distorsiones relativas producidas por los siguientes movimientos revolutivos múltiples:
1. La revolución de Urantia
alrededor de su sol
2. El circuito de vuestro sistema solar alrededor del núcleo
de la nebulosa Andrónover anterior.
3. La rotación de la familia estelar Andrónover
y los grupos asociados alrededor del centro compuesto de rotación y gravedad de
la nube estelar de Nebadon.
4. La oscilación de la nube estelar local de Nebadon y de sus creaciones asociadas alrededor del centro
Sagitario de su sector menor.
5. La rotación alrededor de su sector mayor de los cien
sectores menores, incluyendo Sagitario.
6. El giro de los diez sectores mayores, el así llamado
flujo estelar, alrededor de la sede central de Uversa
en Orvonton.
7. El movimiento de Orvonton y de
los seis superuniversos asociados alrededor del
Paraíso y de Havona, la procesión en sentido
contrario a las manecillas del reloj del nivel espacial superuniversal.
Estos
movimientos múltiples son de distintas órdenes: los caminos espaciales de vuestro
planeta y de vuestro sistema solar son genéticos, inherentes a su origen. El
movimiento absoluto en sentido contrario a las manecillas del reloj de Orvonton también es genético, inherente a los planes
arquitectónicos del universo maestro. Pero los movimientos intermedios son de
origen compuesto, siendo derivados en parte de la segmentación constitutiva de
la materia y energía en los superuniversos y en parte
producido por la acción inteligente y con un gran propósito de los
organizadores de la fuerza paradisiacos.
Los universos locales están en proximidad más estrecha a medida que se acercan a Havona; los circuitos son más grandes en número, y hay una mayor superposición, capa sobre capa. Pero más alejados del centro eterno hay cada vez menos sistemas, capas, circuitos y universos.
LOS HIJOS CREADORES PARADISIACOS
LOS HIJOS CREADORES son los hacedores y gobernantes de los
universos locales del tiempo y del espacio. Estos creadores y soberanos
universales son de origen dual, incorporando las características de Dios el
Padre y Dios el Hijo. Pero cada Hijo Creador es distinto a todos los demás;
cada uno es único en su naturaleza así como también en su personalidad; cada
uno es el "Hijo unigénito" del perfecto ideal divino de su origen.
En la vasta
tarea de organizar, evolucionar, y perfeccionar un universo local, estos
elevados Hijos siempre disfrutan de la sustentadora aprobación del Padre
Universal. La relación de los Hijos Creadores con su Padre en el Paraíso es
conmovedora y superlativa. Indudablemente el afecto profundo de la Deidad
progenitora por su progenie divina, es la fuente de ese amor hermoso y casi
divino que aun los padres mortales tienen por sus hijos.
Estos Hijos Paradisiacos primarios son personalizados como Migueles.
Cuando salen del Paraíso para fundar sus universos, se los conoce como los
Migueles Creadores. Cuando están establecidos en autoridad suprema, se los
llama Migueles Mayores. A veces nos referimos al soberano de vuestro universo
de Nebadon como Cristo Miguel. Por siempre y para
siempre reinan de acuerdo a la "orden de Miguel", siendo esa la
designación del primer Hijo de su orden y naturaleza.
El Miguel
original o primogénito no ha experimentado nunca la encarnación como ser
material, pero siete veces ha pasado por la experiencia del ascenso de las
criaturas espirituales en los siete circuitos de Havona,
avanzando desde las esferas exteriores hasta el circuito más interior de la
creación central. La orden de Miguel conoce el gran universo de una punta a la
otra; no existe experiencia esencial de ninguno de los hijos del tiempo y del
espacio en la que los Migueles no hayan participado personalmente; son de hecho
participantes no solo de la naturaleza divina sino también de vuestra
naturaleza, o sea de todas las naturalezas, desde la más alta hasta la más
humilde.
El Miguel original es el jefe que preside a los Hijos Paradisiacos primarios cuando éstos se reúnen para conferenciar en el centro de todas las cosas. No hace mucho, en Uversa, registramos una transmisión universal de un extraordinario cónclave de ciento cincuenta mil Hijos Creadores reunidos en la Isla eterna en presencia de los progenitores y ocupados en deliberaciones que tenían que ver con el progreso de la unificación y estabilización del universo de los universos. Este fue un grupo selecto de Migueles Mayores, Hijos de siete autootorgamientos.
2. LOS CREADORES DE LOS UNIVERSOS LOCALES
La orden
primaria de los Hijos del Paraíso son los diseñadores, creadores, constructores
y administradores de sus respectivos dominios, los universos locales del tiempo
y del espacio, las unidades básicas creadoras de los siete superuniversos
evolucionarios. Se le permite a un Hijo Creador
seleccionar la ubicación espacial de su actividad cósmica futura, pero antes de
que pueda comenzar siquiera la organización física de su universo, debe pasar
un largo período de observación dedicado al estudio de los esfuerzos de sus
hermanos mayores en varias creaciones ubicadas en el superuniverso
de su acción proyectada. Y antes de todo esto, el Hijo Miguel habrá completado
su prolongada y singular experiencia de observación en el Paraíso y de
capacitación en Havona.
Cuando un Hijo
Creador parte del Paraíso para embarcarse en la aventura de la creación de un
universo, para hacerse el jefe -virtualmente el Dios- de un universo local de
su propia organización, entonces, por primera vez, se encuentra en íntimo
contacto con la Tercera Fuente y Centro, y en muchos aspectos dependiente de
ésta. El Espíritu Infinito, aunque reside con el Padre y el Hijo en el centro
de todas las cosas, está destinado a funcionar como ayudante real y eficaz de
cada Hijo Creador. Por lo tanto cada Hijo Creador está acompañado por una Hija
Creadora del Espíritu Infinito, ese ser destinado a tornarse la Ministra
Divina, el Espíritu Materno del nuevo universo local.
La partida de un
Hijo Miguel en esta ocasión libera para siempre sus prerrogativas creadoras de
las Fuentes y Centros Paradisiacos, sujetas tan solo
a ciertas limitaciones inherentes a la preexistencia de estas Fuentes y Centros
y a ciertos otros poderes y presencias antecedentes. Entre estas limitaciones a
las prerrogativas creadoras, por otra parte todopoderosas, de un Padre de un
universo local están las siguientes:
1. La energía-materia está dominada por el Espíritu
Infinito. Antes de que se puedan crear nuevas formas de cosas, grandes o
pequeñas, antes de que se pueda intentar cualquier transformación nueva de la
energía-materia, un Hijo Creador debe asegurarse el consentimiento y la
cooperación operante del Espíritu Infinito.
2. Los diseños y tipos de criaturas están controlados por el
Hijo Eterno. Antes de que un Hijo Creador pueda comenzar la creación de un
nuevo tipo de ser, un nuevo diseño de criatura, debe asegurarse del
consentimiento del Hijo Materno Original y Eterno.
3. La personalidad está diseñada y es otorgada por el Padre
Universal.
Los tipos y
modelos originales de mente están determinados por los factores precriatura del ser. Después de que éstos han sido
asociados para constituir una criatura (personal o no), la mente es la dotación
de la Tercera Fuente y Centro, la fuente universal del ministerio de la mente
para todos los seres por debajo del nivel de los Creadores Paradisiacos.
El control de
los diseños y tipos de espíritu depende del nivel de su manifestación. En
último análisis, el diseño espiritual esta controlado por la Trinidad o por las
dotes espirituales pre-trinitarias de las
personalidades de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu.
Cuando tal Hijo
perfecto y divino ha tomado posesión de la ubicación espacial de su universo de
selección; cuando se han resuelto los problemas iniciales de materialización
del universo y del equilibrio bruto; cuando ha formado una unión de trabajo
eficaz y cooperativa con la Hija complementaria del Espíritu Infinito, entonces
este Hijo Universal y su Espíritu Universal inician ese enlace que está
diseñado a dar origen a las innumerables huestes de sus hijos del universo
local. En relación con este acontecimiento el enfoque del Espíritu Creativo del
Espíritu Infinito Paradisiaco obtiene un cambio de
naturaleza, adquiriendo las cualidades personales del Espíritu Materno de un
universo local
A pesar de que
todos los Hijos Creadores son desde el punto de vista divino como sus padres en
el Paraíso, ninguno se asemeja exactamente a los otros; cada uno es único,
distinto, exclusivo, y original en su naturaleza así como también en su
personalidad. Y puesto que son los arquitectos y hacedores de los planes de
vida de sus reinos respectivos, esta misma diversidad asegura que sus dominios
sean también distintos en toda forma y fase de existencia de vida derivada de
cada Miguel que pueda ser creada o posteriormente evolucione. Por lo tanto, las
órdenes de criaturas nativas de los universos locales son muy variadas. No hay
dos que estén administradas ni habitadas por seres nativos de origen dual que
sean idénticos en todos los aspectos. Dentro de cada superuniverso,
la mitad de sus atributos inherentes es muy semejante, siendo derivada de los
Espíritus Creativos uniformes; la otra mitad varía, siendo derivada de los Hijos
Creadores diversificados. Pero dicha diversidad no caracteriza a aquellas
criaturas de origen único en el Espíritu Creativo ni aquellos seres importados
que son oriundos del universo central o de los superuniversos.
Cuando un Hijo
Miguel se ausenta de su universo, su gobierno está dirigido por el ser nativo
primogénito, la Brillante Estrella Matutina, ejecutivo principal del universo
local. El consejo y asesoramiento del Unión de los Días es invalorable en esos
momentos. Durante estas ausencias, un Hijo Creador puede conferir a su asociada
Espíritu Materno el supercontrol de su presencia espiritual en los mundos
habitados y en los corazones de sus hijos mortales. El Espíritu Materno de un
universo local permanece siempre en la sede central, otorgando sus cuidados
protectores y su ministerio espiritual hasta las zonas más lejanas de dicho
dominio evolucionario.
La presencia
personal de un Hijo Creador en su universo local no es necesaria para el
funcionamiento sin obstáculos de una creación material establecida. Estos Hijos
pueden viajar al Paraíso, y sus universos seguirán girando por el espacio.
Pueden separarse de sus líneas de poder para encarnarse como hijos del tiempo;
aún sus reinos girarán alrededor de sus centros respectivos. Ninguna organización
material es independiente de la atracción de gravedad absoluta del Paraíso ni
del supercontrol cósmico inherente en la presencia espacial del Absoluto No
Cualificado.
3. LA SOBERANÍA EN UN UNIVERSO LOCAL
Un Hijo Creador
recibe los límites de un universo por consentimiento de la Trinidad del Paraíso
y con la confirmación del Espíritu Rector supervisor del correspondiente superuniverso. Dicha acción constituye el título de
posesión física, una tenencia cósmica. Pero la elevación de un Hijo Miguel
desde esta etapa inicial y autolimitada de gobierno a la supremacía experiencial de la soberanía autoganada
viene como resultado de sus propias experiencias personales en la tarea de
crear un universo y otorgarse en una encarnación. Pero hasta lograr ganar la
soberanía por medio de los autootorgamientos,
gobierna como vicerregente del Padre Universal.
Un Hijo Creador
podría reclamar soberanía plena sobre su creación personal en todo momento,
pero sabiamente elige no hacerlo. Si antes de pasar por los autootorgamientos
en semejanza de las criaturas, asumiera una soberanía suprema no ganada, las
personalidades paradisiacas residentes en su universo
local se retirarían. Pero esto no ha ocurrido jamás a través de todas las
creaciones del tiempo y del espacio.
El hecho de la
autoría creadora implica la plenitud de soberanía, pero los Migueles eligen
ganarla experiencialmente, reteniendo por lo tanto la
plena cooperación de todas las personalidades del Paraíso asignadas a la
administración del universo local. No sabemos de ningún Miguel que haya actuado
de otra manera; pero todos ellos podrían, pues son verdaderamente Hijos con
libre albedrío.
La soberanía de
un Hijo Creador en un universo local pasa a través de seis, tal vez siete,
etapas de manifestación experiencial. Estas aparecen
en el orden siguiente:
1. Soberanía inicial de vicerregente
-la autoridad solitaria provisional que un Hijo Creador ejerce antes de que el
Espíritu Creativo asociado adquiera las cualidades de personalidad.
2. Soberanía vicerregente conjunta
-el gobierno conjunto de la pareja paradisiaca,
subsiguiente al logro de la personalidad por parte del Espíritu Materno
Universal.
3. Soberanía vicerregente en
aumento -la autoridad en avance de un Hijo Creador durante el período de sus
siete autootorgamientos en forma de criatura.
4. Soberanía suprema -la autoridad establecida después de
completar el séptimo autootorgamiento. En Nebadon, la soberanía suprema data desde que Miguel
completara su autootorgamiento en Urantia.
Ha existido poco más de mil novecientos años de vuestro tiempo planetario.
5. Soberanía suprema en aumento -la relación avanzada que
surge del establecimiento en luz y vida de una mayoría de los dominios de las
criaturas. Esta etapa pertenece al futuro aún no logrado en vuestro universo
local.
6. Soberanía trinitariana
-ejercida posteriormente al establecimiento del entero universo local en luz y
vida.
7. Soberanía no revelada -las relaciones desconocidas de una
futura edad universal.
Al aceptar la
soberanía inicial de vicegerente de un universo local proyectado, un Miguel
Creador jura ante la Trinidad no asumir la soberanía suprema hasta haber
completado los siete autootorgamientos en forma de
criaturas y que éstos hayan sido certificados por los gobernantes del superuniverso. Pero si un Hijo Miguel no pudiera a voluntad
reclamar tal soberanía no ganada, no significaría nada su juramento de no
hacerlo.
Aun en las
edades previas a los autootorgamientos, un Hijo
Creador gobierna su dominio casi supremamente si no hay desacuerdos en ninguna
de sus partes. Las limitaciones de gobierno difícilmente se manifestarían si la
soberanía no fuera desafiada jamás. La soberanía que ejerce un Hijo Creador que
aún no se ha otorgado en un universo sin rebeliones no es mayor que en un
universo con rebeliones; en el primer caso las limitaciones de la soberanía no
son aparentes; en el segundo, sí los son.
Si la autoridad
o la administración del Hijo Creador son desafiadas, atacadas, o puestas en
peligro, él ha prometido eternamente sostener, proteger, defender y si es
necesario recobrar su creación personal. Tan sólo las criaturas creadas por
ellos o por seres más elevados de su propia selección pueden perturbar o
molestar a estos Hijos. Se podría deducir que "los seres más
elevados", aquellos de origen en niveles por encima del universo local,
con toda probabilidad no causarían problemas a un Hijo Creador, y esto es así.
Pero podrían hacerlo si así lo eligiesen. La virtud es volitiva en la
personalidad. La rectitud no es automática en las criaturas de libre albedrío.
Antes de
completar la carrera de autootorgamientos, un Hijo
Creador gobierna con ciertas limitaciones autoimpuestas
de la soberanía, pero después de completar su servicio de autootorgamientos,
gobierna por virtud de su experiencia real, ganada en la forma y semejanza de
sus múltiples criaturas. Cuando un Creador ha habitado siete veces entre sus criaturas,
cuando completa su carrera de autootorgamientos,
entonces se establece en forma suprema en la autoridad del universo; él se ha
vuelto un Hijo Mayor, un soberano y gobernante supremo.
La técnica de obtener soberanía suprema sobre un universo
local comprende los siguientes siete pasos experienciales:
1. Penetrar experiencialmente en
siete niveles de existencia de criaturas a través de la técnica del autootorgamiento en la semejanza misma de las criaturas de
cada nivel correspondiente
2. Hacer una consagración experiencial
a cada fase de la voluntad séptuple de la Deidad Paradisiaca tal como está personificada en los Siete
Espíritus Rectores.
3. Atravesar cada una de las siete experiencias en los
niveles de criaturas, simultáneamente con la ejecución de una de las siete
consagraciones a la voluntad de la Deidad Paradisiaca
4. En cada nivel de criaturas, mostrar experiencialmente
la cúspide de vida de las criaturas a la Deidad Paradisiaca
y a todas las inteligencias universales.
5. En cada nivel de criaturas, revelar experiencialmente
una fase de la voluntad séptuple de la Deidad al
nivel del respectivo autootorgamiento y a todo el
universo.
6. Unificar experiencialmente la séptuple experiencia de criaturas con la séptuple experiencia de consagración a la revelación de la
naturaleza y voluntad de la Deidad.
7. Alcanzar una nueva relación más elevada con el Ser
Supremo. La repercusión de la totalidad de esta experiencia de Creador-criatura
aumenta la realidad superuniversal de Dios el Supremo y la soberanía
espacio-temporal del Supremo Todopoderoso y actualiza la soberanía suprema en
el universo local de un Miguel Paradisiaco
Al establecer el
asunto de la soberanía en un universo local, el Hijo Creador no sólo demuestra
su propia idoneidad de gobierno sino que también revela la naturaleza y retrata
la actitud séptuple de la Deidad del Paraíso. La
comprensión finita y la apreciación por parte de las criaturas de la primacía
del Padre atañe a la aventura del Hijo Creador cuando
condesciende tomar la forma y las experiencias de sus criaturas. Estos Hijos
primarios del Paraíso son los verdaderos reveladores de la naturaleza amante y
beneficiosa autoridad del Padre, el mismo Padre que, en asociación con el Hijo
y el Espíritu, es el jefe universal de todo poder, personalidad y gobierno a lo
largo y a lo ancho de todos los reinos universales.
4. LOS AUTOOTORGAMIENTOS DE LOS MIGUELES
Existen siete
grupos de Hijos Creadores autootorgadores y están así
clasificados de acuerdo con el número de veces que se han otorgado a las
criaturas de sus reinos. Van desde la experiencia inicial hacia arriba a través
de cinco esferas adicionales de autootorgamientos
progresivos hasta lograr el episodio séptimo y final de experiencia de
Creador-criatura.
Los autootorgamientos de los Avonales
son siempre en semejanza de la carne mortal, pero los siete autootorgamientos
de un Hijo Creador comprenden su aparición en siete niveles de existencia de
criaturas y pertenecen a la revelación de las siete expresiones primarias de la
voluntad y naturaleza de la Deidad. Sin excepción, todos los Hijos Creadores
pasan a través de estas siete etapas dándose de sí mismos a sus criaturas
creadas antes de asumir la jurisdicción establecida y suprema de los universos
de su propia creación.
Aunque estos
siete autootorgamientos varían en los diferentes
sectores y universos, siempre comprenden la aventura de otorgarse en forma de
un mortal. En el autootorgamiento terminal, un Hijo
Creador aparece como miembro de una de las razas mortales más elevadas en algún
mundo habitado, generalmente como miembro de ese grupo racial que contiene el
mayor legado hereditario de la cepa adánica que fuera importada previamente
para elevar el estado físico de los pueblos de origen animal. Sólo una vez en su
carrera séptuple como Hijo autootorgador
nace de mujer el Miguel Paradisiaco, tal como
vosotros tenéis el registro del infante de Belén. Una sola vez vive y muere
como miembro de la orden más baja de criaturas volitivas evolucionarias.
Después de cada
uno de sus autootorgamientos, un Hijo Creador
prosigue a "la derecha del Padre" para ganar allí la aceptación del
Padre respecto a su autootorgamiento y para recibir
instrucciones preparatorias para el próximo episodio de servicio universal.
Después del séptimo y final autootorgamiento, el Hijo
Creador recibe del Padre Universal la autoridad y jurisdicción suprema sobre
todo su universo.
Está en los
registros que el último Hijo divino que apareció en vuestro planeta era un Hijo
Creador Paradisiaco quien había completado seis fases
de su carrera de autootorgamientos; por consiguiente,
cuando liberó su posesión consciente de la vida encarnada en Urantia, podía decir, y efectivamente dijo, "Consumado
es" -literalmente, se había terminado. Su muerte en Urantia
completó su carrera de autootorgamientos; era el
último paso en satisfacer el juramento sagrado de un Hijo Creador Paradisiaco. Cuando han adquirido esta experiencia, estos
Hijos son soberanos supremos del universo; ya no gobiernan como vicerregentes del Padre sino por su propio derecho y en su
propio nombre como "Rey de Reyes y Señor de Señores". Con algunas
excepciones declaradas, estos Hijos de autootorgamientos
séptuples son no cualificadamente supremos en los universos de su morada. En
cuanto a su universo local, "todo el poder en el cielo y en la
tierra" fue delegado a este Hijo Mayor triunfador y coronado.
Los Hijos Creadores, después de completar sus carreras de autootorgamientos, son considerados como una orden separada, Hijos Mayores séptuples. En persona los Hijos Mayores son idénticos a los Hijos Creadores, pero han pasado por tan singular experiencia en los autootorgamientos que se los considera comúnmente de una orden distinta. Cuando un Creador se digna efectuar un autootorgamiento, un cambio real y permanente está destinado a ocurrir. Es verdad que el Hijo autootorgador sigue siendo y no es menos que un Creador, pero ha agregado a su naturaleza la experiencia de una criatura, lo cual por siempre lo eleva del nivel divino de Hijo Creador al plano experiencial de Hijo Mayor, el que ha ganado plenamente el derecho de gobernar un universo y administrar sus mundos. Estos seres incorporan todo lo que se puede obtener de la paternidad divina y abarcan todo lo que se puede derivar de la experiencia de la criatura perfeccionada. ¡Por qué se lamenta el hombre de su origen bajo y su forzada carrera evolucionaria cuando los Dioses mismos han de pasar por una experiencia equivalente antes de ser considerados experiencialmente merecedores y competentes para gobernar final y plenamente sus dominios universales!