LOS PRIMEROS AÑOS DE LA INFANCIA DE JESÚS
DEBIDO A LAS incertidumbres y ansiedades de su estancia en
Belén, María no destetó al niño hasta que llegaron sanos y salvos a Alejandría,
donde la familia pudo llevar una vida normal. Vivieron con unos parientes, y
José pudo mantener fácilmente a su familia porque consiguió trabajo poco
después de su llegada. Estuvo empleado como carpintero durante varios meses y
luego lo promovieron al puesto de capataz de un gran grupo de obreros que
estaban ocupados en la construcción de un edificio público, entonces en obras.
Esta nueva experiencia le dio la idea de hacerse contratista y constructor
después de que regresaran a Nazaret.
Durante todos
estos primeros años de infancia en que Jesús estaba indefenso, María mantuvo
una larga y constante vigilancia para que no le ocurriera nada a su hijo que
pudiera amenazar su bienestar, o que pudiera obstaculizar, de alguna manera, su
futura misión en la tierra; ninguna madre estuvo nunca más consagrada a su
hijo. En el hogar donde se encontraba Jesús, había otros dos niños
aproximadamente de su misma edad, y entre los vecinos cercanos, seis más cuyas
edades se acercaban lo suficiente a la suya como para ser unos compañeros de
juego aceptables. Al principio, María estuvo tentada de mantener a Jesús muy
cerca de ella. Temía que le ocurriera algo si se le permitía jugar en el jardín
con los otros niños, pero José, con la ayuda de sus parientes, consiguió convencerla
de que esta actitud privaría a Jesús de la útil experiencia de aprender a
adaptarse a los niños de su edad. Comprendiendo que un programa así de
protección exagerada e inhabitual podría hacer que el niño se volviera cohibido
y un tanto egocéntrico, María dio finalmente su consentimiento al plan que
permitía al niño de la promesa crecer exactamente como todos los demás niños.
Aunque cumplió con esta decisión, efectuó su papel de estar siempre vigilante
mientras que los pequeños jugaban alrededor de la casa o en el jardín. Sólo una
madre amorosa puede comprender la carga que María tuvo que soportar en su
corazón por la seguridad de su hijo durante estos años de su infancia y de su
niñez.
Durante los dos
años de su estancia en Alejandría, Jesús gozó de buena salud y siguió creciendo
normalmente. Aparte de unos pocos amigos y parientes, no se dijo a nadie que
Jesús era un "niño de la promesa". Uno de los parientes de José lo
reveló a unos amigos de Menfis, descendientes del
lejano Ikhnatón. Éstos se reunieron, con un pequeño
grupo de creyentes de Alejandría, en la suntuosa casa del pariente y benefactor
de José, poco antes de regresar a Palestina, para presentar sus mejores deseos
a la familia de Nazaret y sus respetos al niño. En
esta ocasión, los amigos reunidos regalaron a Jesús un ejemplar completo de la
traducción al griego de las escrituras hebreas. Pero este ejemplar de los
textos sagrados judíos no se lo entregaron a José hasta que él y María
declinaron definitivamente la invitación de sus amigos de Menfis
y Alejandría de permanecer en Egipto. Estos creyentes afirmaban que el hijo del
destino podría ejercer una influencia mundial mucho mayor si residía en
Alejandría que en cualquier lugar determinado de Palestina. Estos argumentos
retrasaron algún tiempo su regreso a Palestina, después de recibir la noticia
de la muerte de Herodes.
Finalmente, José
y María se despidieron de Alejandría en un barco propiedad de su amigo Esraeon, con destino a Jope, puerto al que llegaron a
finales de agosto del año 4 a. de J.C. Se dirigieron directamente a Belén,
donde pasaron todo el mes de septiembre en deliberaciones con sus amigos y
parientes para decidir si debían quedarse allí o regresar a Nazaret.
María nunca
había abandonado por completo la idea de que Jesús debería crecer en Belén, la
Ciudad de David. José no creía en realidad que su hijo estuviera destinado a
ser un rey liberador de Israel. Además, sabía que él mismo no era un verdadero
descendiente de David; el hecho de contar entre el linaje de David se debía a
que uno de sus antepasados había sido adoptado por la línea de descendientes
davídicos. María consideraba naturalmente que la Ciudad de David era el lugar
más apropiado para criar al nuevo candidato al trono de David, pero José prefería
tentar la suerte con Herodes Antipas antes que con su
hermano Arquelao. Albergaba muchos temores por la
seguridad del niño en Belén o en cualquier otra ciudad de Judea; suponía que
era más probable que Arquelao continuara con la
política amenazadora de su padre Herodes, a que lo hiciera Antipas
en Galilea. Aparte de todas estas razones, José expresó abiertamente su
preferencia por Galilea, porque lo consideraba un lugar más adecuado para criar
y educar al niño, pero necesitó tres semanas para vencer las objeciones de
María.
El primero de
octubre, José había convencido a María y a todos sus amigos de que era mejor
para ellos regresar a Nazaret. En consecuencia, a
principios de octubre del año 4 a. de J.C., partieron de Belén rumbo a Nazaret por el camino de Lida y Escitópolis. Salieron un domingo por la mañana temprano;
María y el niño iban montados en la bestia de carga que acababan de adquirir,
mientras que José y cinco parientes los acompañaban a pie; los parientes de
José no consintieron que viajaran solos hasta Nazaret.
Temían ir a Galilea pasando por Jerusalén y el valle del Jordán, y las rutas
occidentales no eran del todo seguras para dos viajeros solitarios con un niño
de poca edad.
1. DE REGRESO A NAZARET
Al cuarto día de
viaje, el grupo llegó sano y salvo a su destino. Llegaron sin anunciarse a su
casa de Nazaret, ocupada desde hacía más de tres años
por uno de los hermanos casados de José, que en verdad se quedó sorprendido al
verlos; lo habían hecho todo tan calladamente, que ni la familia de José ni la
de María sabían siquiera que habían dejado Alejandría. Al día siguiente, el
hermano de José se mudó con su familia, y María, por primera vez desde el
nacimiento de Jesús, se instaló con su pequeña familia para disfrutar de la
vida en su propio hogar. En menos de una semana, José consiguió trabajo como
carpintero, y fueron extremadamente felices.
Jesús tenía unos
tres años y dos meses cuando volvieron a Nazaret.
Había soportado muy bien todos estos viajes y gozaba de excelente salud; estaba
lleno de alegría y entusiasmo infantil al tener una casa propia donde poder
correr y disfrutar. Pero echaba mucho de menos la compañía de sus amigos de
juego de Alejandría.
Camino de Nazaret, José había persuadido a María de que sería imprudente
divulgar, entre sus amigos y parientes galileos, la noticia de que Jesús era un
niño de la promesa. Acordaron no mencionar a nadie este asunto, y ambos
cumplieron fielmente esta promesa.
Todo el cuarto
año de Jesús fue un período de desarrollo físico normal y de actividad mental
poco común. Mientras tanto, se había hecho muy amigo de un niño vecino,
aproximadamente de su edad, llamado Jacobo. Jesús y Jacobo siempre eran felices
jugando juntos, y crecieron siendo grandes amigos y leales compañeros.
El siguiente
acontecimiento importante en la vida de esta familia de Nazaret
fue el nacimiento del segundo hijo, Santiago, al amanecer del 2 de abril del
año 3 a. de J.C. Jesús estaba muy emocionado con la idea de tener un hermanito,
y permanecía cerca de él durante horas simplemente para observar los primeros
gestos del bebé.
Fue a mediados
del verano de este mismo año cuando José construyó un pequeño taller cerca de
la fuente del pueblo y del solar donde paraban las caravanas. A partir de entonces
hizo muy pocos trabajos de carpintería al día. Tenía como socios a dos de sus
hermanos y a varios obreros más, a quienes enviaba a trabajar fuera mientras él
permanecía en el taller fabricando arados, yugos y otros objetos de madera.
También hizo algunos trabajos con el cuero, la soga y la lona. A medida que
Jesús crecía, y cuando no estaba en la escuela, repartía su tiempo casi a
partes iguales entre ayudar a su madre en los quehaceres del hogar y observar a
su padre en el trabajo del taller, escuchando al mismo tiempo las
conversaciones y las noticias de los conductores y viajeros de las caravanas
procedentes de todos los rincones de la tierra.
En julio de este
año, un mes antes de cumplir Jesús los cuatro años, una epidemia maligna de
trastornos intestinales, contagiada por los viajeros de las caravanas, se
extendió por todo Nazaret. María se alarmó tanto por
el peligro al que Jesús estaba expuesto con esta enfermedad epidémica, que
preparó a sus dos hijos y huyó a la casa de campo de su hermano, a varios
kilómetros al sur de Nazaret, en la carretera de Meguido, cerca de Sarid.
Estuvieron fuera de Nazaret durante más de dos meses;
Jesús disfrutó mucho con su primera experiencia en una granja.
2. EL QUINTO AÑO (AÑO 2 a. de J.C.)
Poco más de un
año después del regreso a Nazaret, el niño Jesús
llegó a la edad de su primera decisión moral personal y sincera; fue entonces
cuando vino a quedarse con él un Ajustador del Pensamiento, un don divino del
Padre del Paraíso, que había servido anteriormente con Maquiventa
Melquisedec, adquiriendo así la experiencia de las
operaciones relacionadas con la encarnación de un ser supermortal
que vive en la similitud de la carne mortal. Este acontecimiento sucedió el 11
de febrero del año 2 a. de J.C. Jesús no tuvo más conciencia de la llegada del
Monitor divino que los millones y millones de otros niños que, antes y después
de ese día, han recibido igualmente estos Ajustadores del Pensamiento para
residir en su mente, trabajar para la espiritualización última de dicha mente y
la supervivencia eterna de su alma inmortal evolutiva.
En este día de
febrero terminó la supervisión directa y personal de los Gobernantes del
Universo en lo referente a la integridad de Miguel encarnado como niño. A
partir de este momento y durante todo el desarrollo humano de su encarnación,
la custodia de Jesús fue encomendada a este Ajustador interior y a los
guardianes seráficos asociados, auxiliados de vez en cuando por el ministerio
de las criaturas medianas, designadas para efectuar ciertas tareas específicas,
de acuerdo con las instrucciones de sus superiores planetarios.
Jesús cumplió
cinco años en agosto de este año, y por ello nos referiremos a él como el
quinto año de su vida (según el calendario). En este año 2 a. de J.C., poco más
de un mes antes de su quinto cumpleaños, Jesús se sintió muy feliz con la
llegada al mundo de su hermana Miriam, que nació en la noche del 11 de julio.
Durante el atardecer del día siguiente, Jesús tuvo una larga conversación con
su padre sobre la manera en que los diversos grupos de seres vivos nacen en el
mundo como individuos diferentes. La parte más valiosa de la primera educación
de Jesús la proporcionaron sus padres, respondiendo a sus preguntas reflexivas
y penetrantes. José no dejó nunca de cumplir plenamente con su deber, tomándose
el trabajo y encontrando el tiempo para contestar a las numerosas preguntas del
niño. Desde los cinco hasta los diez años, Jesús fue una interrogación
permanente. Aunque José y María no siempre podían contestar a sus preguntas,
nunca dejaron de discutirlas a fondo, y lo ayudaban de todas las maneras
posibles en sus esfuerzos por encontrar una solución satisfactoria al problema
que su mente despierta le había sugerido.
Desde su regreso
a Nazaret, habían tenido una intensa vida familiar, y
José había estado extraordinariamente ocupado con la construcción de su nuevo
taller y la reanudación de sus negocios. Tenía tanto trabajo que no había
encontrado tiempo para hacer una cuna para Santiago, pero esto pudo remediarlo
mucho antes de que naciera Miriam, de manera que ella contó con una cuna muy
cómoda en la cual se acurrucaba mientras que la familia la admiraba. El niño
Jesús participaba de todo corazón en todas estas experiencias naturales y
normales del hogar. Disfrutaba mucho con su hermanito y su hermanita, y ayudaba
mucho a María cuidando de ellos.
En el mundo de
los gentiles de aquellos tiempos, había pocos hogares que pudieran proporcionar
a un niño una educación intelectual, moral y religiosa mejor que la de los
hogares judíos de Galilea. Estos judíos tenían un programa sistemático para
criar y educar a sus hijos. Dividían la vida de los niños en siete etapas:
1.
El niño recién nacido hasta el octavo día.
2.
El niño de pecho.
3.
El destete del niño.
4.
El período de dependencia de la madre, hasta el final del
quinto año.
5.
El comienzo de la independencia del niño, y en el caso de
los hijos varones, el padre asumía la responsabilidad de su educación.
6.
Los chicos y las chicas adolescentes.
7.
Los hombres y las mujeres jóvenes.
Los judíos de
Galilea tenían la costumbre de que la madre se responsabilizara de la educación
del niño hasta que éste cumplía los cinco años, y si el niño era varón, entonces
el padre se encargaba en adelante de su educación. Así pues, aquel año Jesús
entró en la quinta etapa de la carrera de un niño judío de Galilea; en
consecuencia, el 21 de agosto del año 2 a. de J.C., María transfirió
formalmente a José la educación futura de su hijo.
Aunque José
tenía que asumir ahora directamente la responsabilidad de la educación
intelectual y religiosa de Jesús, su madre seguía ocupándose de su educación
hogareña. Le enseñó a conocer y a cuidar las parras y las flores que crecían en
las paredes del jardín, que rodeaban por completo el terreno de su hogar. María
también se ocupó de poner en el techo de la casa (el dormitorio de verano) unos
cajones de arena poco profundos, en los que Jesús dibujaba mapas y efectuó la
mayoría de sus primeras prácticas de escritura en arameo, en griego y más tarde
en hebreo, porque aprendió en su momento a leer, escribir y hablar
perfectamente estos tres idiomas.
Jesús tenía la
apariencia física de un niño casi perfecto y continuaba progresando de manera
normal en el aspecto mental y emocional. Tuvo un ligero problema digestivo, su
primera enfermedad leve, a finales de este año, el quinto (según el
calendario).
Aunque José y
María hablaban con frecuencia del futuro de su hijo mayor, si hubiérais estado allí, únicamente hubiérais
observado el crecimiento de un niño normal de aquel tiempo y lugar, sano, sin
preocupaciones, pero extremadamente ávido de saber.
3. LOS ACONTECIMIENTOS DEL SEXTO AÑO (AÑO 1 a. de J.C.))
Con la ayuda de
su madre, Jesús ya había dominado el dialecto galileo
de la lengua aramea; ahora, su padre empezó a enseñarle el griego. María lo
hablaba poco, pero José hablaba bien el griego y el arameo. El libro de texto
para estudiar la lengua griega era el ejemplar de las escrituras hebreas -una
versión completa de la ley y de los profetas, incluídos
los salmos- que les habían regalado a su partida de Egipto. En todo Nazaret sólo había dos ejemplares completos de las
escrituras en griego, y la posesión de uno de ellos por parte de la familia del
carpintero hacía de la casa de José un lugar muy solicitado, lo que permitió a
Jesús conocer, a medida que crecía, una procesión casi interminable de personas
estudiosas serias y de sinceros buscadores de la verdad. Antes de terminar este
año, Jesús había asumido la custodia de este manuscrito inestimable, habiéndose
enterado el día de su sexto cumpleaños, que el libro sagrado se lo habían
regalado los amigos y parientes de Alejandría. Muy poco tiempo después podía
leerlo con toda facilidad.
La primera gran
conmoción en la joven vida de Jesús tuvo lugar cuando aún no tenía seis años.
Al chico le parecía que su padre -o al menos su padre y su madre juntos- lo
sabían todo. Imaginad pues la sorpresa que se llevó este niño indagador cuando
preguntó a su padre la causa de un leve terremoto que acababa de producirse, y
oyó que José le respondía: "Hijo mío, en verdad no lo sé". Así empezó
una larga y desconcertante cadena de desilusiones, durante la cual Jesús
descubrió que sus padres terrestres no eran infinitamente sabios ni
omniscientes.
El primer
pensamiento de José fue decirle a Jesús que el terremoto había sido causado por
Dios, pero un instante de reflexión le advirtió que una respuesta semejante
provocaría inmediatamente preguntas posteriores aún más embarazosas. Incluso a
una edad muy temprana, era muy difícil contestar a las preguntas de Jesús sobre
los fenómenos físicos o sociales, diciéndole a la ligera que el responsable era
Dios o el diablo. De acuerdo con la creencia predominante del pueblo judío,
hacía tiempo que Jesús estaba dispuesto a aceptar la doctrina de los buenos y
de los malos espíritus como una posible explicación de los fenómenos mentales y
espirituales; pero empezó a dudar muy pronto de que estas influencias
invisibles fueran responsables de los acontecimientos físicos del mundo
natural.
Antes de que
Jesús cumpliera los seis años de edad, a principios del verano del año 1 a. de
J.C., Zacarías, Isabel y su hijo Juan vinieron a visitar a la familia de Nazaret. Jesús y Juan disfrutaron mucho durante esta
visita, la primera que podían recordar. Aunque los visitantes sólo pudieron
quedarse unos días, los padres hablaron de muchas cosas, incluyendo los planes
para el futuro de sus hijos. Mientras que estaban ocupados en esto, los chicos
jugaban en la azotea de la casa con trozos de madera en la arena, y se
divertían juntos de otras muchas maneras, como hacen los niños.
Después de
conocer a Juan, que venía de los alrededores de Jerusalén, Jesús empezó a
manifestar un interés extraordinario por la historia de Israel y comenzó a
preguntar con mucho detalle por el significado de los ritos del sábado, los
sermones de la sinagoga y las fiestas conmemorativas periódicas. Su padre le
explicó el significado de todas estas celebraciones. La primera era la fiesta
de la iluminación, a mediados del invierno, que duraba ocho días; la primera
noche encendían una candela, y cada noche siguiente añadían una nueva. Con esto
se conmemoraba la consagración del templo, después de que Judas Macabeo
restaurara los oficios mosaicos. A continuación venía la celebración de Purim, a principios de la primavera, la fiesta de Ester que
liberó a Israel. Luego seguía la solemne Pascua, que los adultos celebraban en
Jerusalén siempre que era posible, mientras que en el hogar los niños debían
recordar que no se podía comer pan con levadura en toda la semana. Más tarde
venía la fiesta de los primeros frutos, la recogida de la cosecha; y por último
la más solemne de todas, la fiesta del año nuevo, el día de la expiación.
Algunas de estas celebraciones y ceremonias eran difíciles de comprender para
la joven mente de Jesús, pero las examinó con seriedad, y luego participó con
gran alegría en la fiesta de los tabernáculos, el período de las vacaciones
anuales de todo el pueblo judío, la época en que acampaban en cabañas hechas
con ramajes y se entregaban al júbilo y a los placeres.
Durante este
año, José y María tuvieron dificultades con Jesús a propósito de sus oraciones.
Insistía en dirigirse a su Padre celestial como si estuviera hablando con José,
su padre terrenal. Este abandono de las formas más solemnes y reverentes de
comunicación con la Deidad era un poco desconcertante para sus padres,
especialmente para su madre, pero no podían persuadirlo para que cambiara;
recitaba sus oraciones tal como le habían enseñado, después de lo cual insistía
en tener "una pequeña charla con mi Padre que está en los cielos".
En junio de este
año, José cedió el taller de Nazaret a sus hermanos y
empezó formalmente a trabajar como constructor. Antes de terminar el año, los
ingresos de la familia se habían más que triplicado. La familia de Nazaret nunca más conoció el apuro de la pobreza hasta
después de la muerte de José. La familia creció cada vez más y gastaron mucho
dinero en estudios complementarios y en viajes, pero los ingresos crecientes de
José siempre se mantuvieron a la altura de los gastos en aumento.
Durante los
pocos años que siguieron, José hizo trabajos considerables en Caná, Belén (de Galilea), Magdala,
Naín, Séforis, Cafarnaum y Endor, así como
muchas construcciones en Nazaret y sus alrededores.
Como Santiago había crecido lo suficiente como para ayudar a su madre en los
quehaceres domésticos y en el cuidado de los niños más pequeños, Jesús se
desplazó frecuentemente con su padre a estas ciudades y pueblos vecinos. Jesús
era un observador penetrante y adquirió muchos conocimientos prácticos en estos
viajes lejos de su hogar; guardaba asíduamente los
conocimientos relacionados con el hombre y su manera de vivir en la tierra.
Este año Jesús
hizo grandes progresos para adaptar sus sentimientos enérgicos y sus impulsos
vigorosos a las exigencias de la cooperación familiar y de la disciplina del
hogar. María era una madre amorosa pero bastante estricta en la disciplina. Sin
embargo, en muchos aspectos, José era el que ejercía el mayor control sobre
Jesús, porque solía sentarse con el muchacho y le explicaba íntegramente las
razones reales y subyacentes por las cuales era necesario disciplinar los
deseos personales para contribuir al bienestar y la tranquilidad de toda la
familia. Cuando se le explicaba la situación, Jesús siempre cooperaba
inteligente y voluntariamente con los deseos paternos y las reglas familiares.
Cuando su madre
no necesitaba su ayuda en la casa, Jesús dedicaba una gran parte de su tiempo
libre a estudiar las flores y las plantas durante el día, y las estrellas por
la noche. Mostraba una tendencia molesta a permanecer acostado de espaldas
contemplando con admiración el cielo estrellado, mucho después de la hora
habitual de acostarse en esta casa bien organizada de Nazaret.
4. EL SÉPTIMO AÑO (AÑO 1 d. de J.C.)
Éste fue en
verdad un año lleno de acontecimientos en la vida de Jesús. A principios de
enero, una gran tormenta de nieve cayó sobre Galilea. La nieve se acumuló hasta
sesenta centímetros de espesor; fue la nevada más grande que Jesús conoció en
toda su vida y una de las más importantes en Nazaret
en los últimos cien años.
Las distracciones
de los niños judíos en los tiempos de Jesús eran más bien limitadas; con
demasiada frecuencia, los niños imitaban en sus juegos las actividades más
serias que observaban en los adultos. Jugaban mucho a las bodas y a los
funerales, ceremonias que veían con tanta frecuencia y que resultaban tan
espectaculares. Bailaban y cantaban, pero tenían pocos juegos organizados como
los que gustan tanto a los niños de hoy.
En compañía de
un niño vecino, y más tarde de su hermano Santiago, a Jesús le encantaba jugar
en el rincón más alejado del taller de carpintería de la familia, donde se
divertían con el serrín y los trozos de madera. A
Jesús siempre le resultaba difícil comprender el mal que tenían ciertos tipos
de juegos que estaban prohibidos el sábado, pero nunca dejó de conformarse a
los deseos de sus padres. Tenía una capacidad para el humor y los juegos que
pocas veces se podía expresar en el entorno de su época y de su generación;
pero hasta la edad de catorce años, la mayor parte del tiempo estaba alegre y
de buen humor.
María tenía un
palomar en el tejado del establo contiguo a la casa, y los beneficios de la
venta de las palomas los utilizaban como fondo especial de caridad que Jesús
administraba, después de deducir el diezmo y haberlo entregado al empleado de
la sinagoga.
El único
accidente verdadero que Jesús sufrió hasta ese momento fue una caída por las
escaleras de piedra del patio trasero que conducían al dormitorio con techo de
lona. Sucedió en julio, durante una tormenta de arena inesperada procedente del
este. Los vientos cálidos con ráfagas de arena fina soplaban por lo general
durante la estación de las lluvias, particularmente en marzo y abril. Una
tormenta de este tipo era totalmente inesperada en el mes de julio. Cuando se desencadenó
la tormenta, Jesús estaba jugando como tenía costumbre en el techo de la casa,
porque durante una gran parte de la temporada seca, éste era su lugar de juego
habitual. Mientras bajaba las escaleras, la arena lo cegó y por eso se cayó.
Después de este accidente, José construyó una balaustrada a ambos lados de la
escalera.
No había manera
de prevenir este accidente. No se trató de una negligencia imputable a los
guardianes temporales medianos, ya que un mediano primario y uno secundario
habían sido asignados para custodiar al muchacho; tampoco se podía culpar al
serafín guardián. Sencillamente no se pudo evitar. Pero este ligero accidente,
ocurrido mientras que José estaba en Endor, ocasionó
una ansiedad tan grande en la mente de María, que trató de manera poco
razonable de mantener a Jesús pegado a ella durante varios meses.
Las
personalidades celestiales no intervienen arbitrariamente en los accidentes
materiales, que son acontecimientos comunes de naturaleza física. En las
circunstancias ordinarias, sólo las criaturas medianas pueden intervenir sobre
las condiciones materiales para salvaguardar a las personas, hombres o mujeres,
con un destino determinado; incluso en las situaciones especiales, estos seres
sólo pueden actuar así en obediencia a las órdenes específicas de sus
superiores.
Éste no fue más
que uno de los numerosos accidentes menores que le ocurrieron posteriormente a
este joven intrépido e investigador. Si examináis la niñez y la juventud normal
de un muchacho dinámico, tendréis una idea bastante buena de la carrera juvenil
de Jesús, y casi podréis imaginar la cantidad de ansiedad que causó a sus
padres, en particular a su madre.
José, el cuarto
hijo de la familia de Nazaret, nació la mañana del
miércoles 16 de marzo del año 1 d. de J.C.
5. LOS AÑOS DE ESCUELA EN NAZARET
Jesús tenía
ahora siete años, la edad en que se suponía que los niños judíos empezaban su
educación formal en las escuelas de la sinagoga. Por consiguiente, en agosto de
este año comenzó su memorable vida escolar en Nazaret.
El muchacho ya leía, escribía y hablaba con soltura dos idiomas, el arameo y el
griego. Ahora tenía que imponerse la tarea de aprender a leer, escribir y
hablar la lengua hebrea. Estaba realmente impaciente por empezar la nueva vida
escolar que se abría ante él.
Durante tres
años -hasta que tuvo diez años- asistió a la escuela primaria de la sinagoga de
Nazaret. Durante estos tres años estudió los
rudimentos del Libro de la Ley, tal como estaba redactado en lengua hebrea.
Durante los tres años siguientes estudió en la escuela superior y memorizó, por
el método de repetición en voz alta, las enseñanzas más profundas de la ley
sagrada. Se graduó en esta escuela de la sinagoga cuando tenía trece años, y
los dirigentes de la sinagoga lo entregaron a sus padres como un "hijo del
mandamiento" ya educado -en adelante, un ciudadano responsable de la
comunidad de Israel, con derecho a asistir a la Pascua en Jerusalén; en
consecuencia, ese año participó en su primera Pascua, en compañía de su padre y
su madre.
En Nazaret, los alumnos se sentaban en semicírculo en el suelo
mientras que su profesor, el chazán, un empleado de
la sinagoga, se sentaba enfrente de ellos. Empezaban por el Libro del Levítico,
y luego pasaban al estudio de los demás libros de la ley, seguido del estudio
de los Profetas y de los Salmos. La sinagoga de Nazaret
poseía un ejemplar completo de las escrituras en hebreo. Hasta los doce años,
lo único que estudiaban eran las escrituras. En los meses de verano, las horas
escolares se reducían considerablemente.
Jesús se
convirtió muy pronto en un experto en hebreo. Siendo un hombre joven, cuando
ningún visitante eminente se encontraba ocasionalmente en Nazaret,
se le pedía a menudo que leyera las escrituras hebreas a los fieles reunidos en
la sinagoga para los oficios regulares del sábado.
Por supuesto,
las escuelas de la sinagoga no tenían libros de texto. Para enseñar, el chazán efectuaba una exposición que los alumnos repetían al
unísono detrás de él. Cuando tenían acceso a los libros escritos de la ley, los
estudiantes aprendían su lección leyendo en voz alta y repitiendo
constantemente.
Además de su
educación oficial, Jesús empezó a tomar contacto con la naturaleza humana de
todos los rincones del mundo, ya que por el taller de reparaciones de su padre
pasaban hombres de muy diversos países. Cuando tuvo más edad, se mezclaba
libremente con las caravanas que se detenían cerca de la fuente para descansar
y comer. Como hablaba muy bien el griego, tenía pocos problemas para conversar
con la mayoría de los viajeros y conductores de las caravanas.
Nazaret era una etapa en el camino de las caravanas y una
travesía para los viajes; una gran parte de la población era gentil. Al mismo
tiempo, Nazaret era bien conocida como centro de
interpretación liberal de la ley tradicional judía. En Galilea, los judíos se
mezclaban más libremente con los gentiles que en Judea. De todas las ciudades
de Galilea, los judíos de Nazaret eran los más
liberales en interpretar las restricciones sociales basadas en el miedo a
contaminarse por estar en contacto con los gentiles. Esta situación dio origen
a un dicho corriente en Jerusalén: "¿Puede salir algo bueno de Nazaret?"
Jesús recibió su
enseñanza moral y su cultura espiritual principalmente en su propio hogar. La
mayor parte de su educación intelectual y teológica la adquirió del chazán. Pero su verdadera educación -el equipamiento de
mente y corazón para la prueba real de afrontar los difíciles problemas de la
vida- la obtuvo mezclándose con sus semejantes. Esta asociación estrecha con
sus semejantes, jóvenes y viejos, judíos y gentiles, le proporcionó la
oportunidad de conocer a la raza humana. Jesús estaba altamente educado, en el
sentido de que comprendía a fondo a los hombres y los amaba con devoción.
Durante todos
sus años en la sinagoga fue un estudiante brillante, con una gran ventaja
puesto que conocía bien tres idiomas. Con motivo de la finalización de los
cursos de Jesús en la escuela, el chazán de Nazaret comentó a José que temía "haber aprendido más
con las preguntas penetrantes de Jesús" de lo que él mismo había
"sido capaz de enseñar al muchacho".
En el transcurso
de sus estudios, Jesús aprendió mucho y obtuvo una gran inspiración de los
sermones regulares del sábado en la sinagoga. Era costumbre solicitar a los
visitantes distinguidos que se detenían el sábado en Nazaret
que hablaran en la sinagoga. A medida que crecía, Jesús escuchó los puntos de
vista de muchos grandes pensadores de todo el mundo judío, y también a muchos
judíos poco ortodoxos, puesto que la sinagoga de Nazaret
era un centro avanzado y liberal del pensamiento y de la cultura hebreos.
Al ingresar en
la escuela a los siete años (por aquella época los judíos acababan de sacar una
ley sobre la educación obligatoria), era costumbre que los alumnos escogieran
su "texto de cumpleaños", una especie de regla de oro que los guiaría
a lo largo de sus estudios, y sobre la cual muchas veces tenían que disertar en
el momento de graduarse a la edad de trece años. El texto que Jesús escogió
estaba sacado del profeta Isaías: "El espíritu del Señor Dios está sobre
mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para traer la buena nueva a los
mansos, para consolar a los afligidos, para proclamar la libertad a los
cautivos y para liberar a los presos espirituales."
Nazaret era uno de los veinticuatro centros sacerdotales de
la nación hebrea. Pero el clero de Galilea era más liberal que los escribas y
rabinos de Judea en su interpretación de las leyes tradicionales. En Nazaret también eran más liberales en cuanto a la
observancia del sábado. Por este motivo, José tenía la costumbre de llevarse de
paseo a Jesús los sábados por la tarde; una de sus caminatas favoritas
consistía en subir a la alta colina cercana a su casa, de donde podían
contemplar una vista panorámica de toda Galilea. Al noroeste, en los días
despejados, podían ver la larga cima del Monte Carmelo deslizándose hacia el
mar; Jesús escuchó muchas veces a su padre contar la historia de Elías, uno de
los primeros de la larga lista de los profetas hebreos, que criticó a Acab y desenmascaró a los sacerdotes de Baal. Al norte, el
Monte Hermón levantaba su pico nevado con un
esplendor majestuoso y dominaba el horizonte, con casi 1.000 metros de laderas
superiores que resplandecían con la blancura de las nieves perpétuas.
A lo lejos, por el este, podían discernir el valle del Jordán, y mucho más
allá, las colinas rocosas de Moab. También hacia el sur
y el este, cuando el sol iluminaba los muros de mármol, podían ver las ciudades
greco-romanas de la Decápolis, con sus anfiteatros y
sus templos presuntuosos. Y cuando se demoraban hasta la puesta del sol, podían
distinguir al oeste los barcos de vela en el lejano Mediterráneo.
Jesús podía
observar las filas de caravanas que entraban y salían de Nazaret
en cuatro direcciones, y hacia el sur podía ver la amplia y fértil llanura de Esdraelón, que se extendía hacia el Monte Gilboa y Samaria.
Cuando no subían
a las alturas para contemplar el paisaje lejano, se paseaban por el campo y
estudiaban la naturaleza en sus distintas manifestaciones, según las
estaciones. La educación más precoz de Jesús, exceptuando la del hogar
familiar, había consistido en tomar un contacto respetuoso y comprensivo con la
naturaleza.
Antes de cumplir
los ocho años de edad, era conocido por todas las madres y mujeres jóvenes de Nazaret, que lo habían encontrado y habían hablado con él
en la fuente cercana a su casa, que era uno de los centros sociales de
encuentro y de habladurías de toda la ciudad. Este año, Jesús aprendió a
ordeñar la vaca de la familia y a cuidar de los demás animales. Durante este
año y el siguiente, también aprendió a hacer queso y a tejer. Cuando llegó a
los diez años era un experto tejedor. Aproximadamente por esta época, Jesús y
Jacobo, el muchacho vecino, se hicieron grandes amigos del alfarero que
trabajaba cerca del manantial; mientras observaban los hábiles dedos de Natán moldeando la arcilla en el torno, los dos decidieron
muchas veces hacerse alfareros cuando fueran mayores. Natán
quería mucho a los muchachos y a menudo les daba arcilla para que jugaran,
tratando de estimular su imaginación creativa sugiriéndoles que compitieran en
la modelación de objetos y animales diversos.
6. SU OCTAVO AÑO (AÑO 2 d. de J.C.)
Éste fue un año
interesante en la escuela. Aunque Jesús no era un estudiante excepcional, sí
era un alumno aplicado y formaba parte del tercio más avanzado de la clase; hacía
sus tareas tan bien que durante una semana al mes estaba exento de asistir a la
escuela. Dicha semana la pasaba generalmente con su tío el pescador en las
orillas del mar de Galilea, cerca de Magdala, o en la
granja de otro tío suyo (hermano de su madre) a ocho kilómetros al sur de Nazaret.
Aunque su madre
se preocupaba exageradamente por su salud y su seguridad, poco a poco se iba
habituando a estas ausencias fuera del hogar. Los tíos y las tías de Jesús lo
querían mucho; entre ellos se produjo una viva rivalidad, durante todo este año
y algunos de los siguientes, para asegurarse su compañía durante estas visitas
mensuales. La primera vez (desde la infancia) que permaneció una semana en la
granja de su tío fue en enero de este año; la primera semana de experiencia
como pescador en el mar de Galilea tuvo lugar en el mes de mayo.
Por esta época,
Jesús conoció a un profesor de matemáticas de Damasco, y después de aprender
algunas nuevas técnicas aritméticas, dedicó mucho tiempo a las matemáticas
durante varios años. Desarrolló un agudo sentido de los números, de las
distancias y de las proporciones.
Jesús empezó a
disfrutar mucho con la compañía de su hermano Santiago y al final de este año,
había empezado a enseñarle el alfabeto.
Jesús hizo
planes este año para intercambiar productos lácteos por clases de arpa. Tenía
una inclinación especial por todo lo musical. Más adelante contribuyó mucho a
promover el interés por la música vocal entre sus jóvenes compañeros. A la edad
de once años ya era un arpista hábil, y disfrutaba mucho entreteniendo a la
familia y a los amigos con sus extraordinarias interpretaciones y con sus
hábiles improvisaciones.
Aunque Jesús
continuaba haciendo progresos considerables en la escuela, no todo se desarrollaba
fácilmente para sus padres o sus maestros. Persistía en hacer muchas preguntas
embarazosas acerca de la ciencia y de la religión, particularmente en geografía
y astronomía. Insistía especialmente en averiguar por qué había una temporada
seca y una temporada de lluvias en Palestina. Una y otra vez buscó la
explicación de la gran diferencia entre las temperaturas de Nazaret
y las del valle del Jordán. Simplemente no paraba nunca de hacer preguntas de
este tipo, inteligentes pero inquietantes.
Su tercer
hermano, Simón, nació la tarde del viernes 14 de abril de este año, el 2 d. de
J.C.
Nacor, un profesor de una academia rabínica de Jerusalén,
vino en febrero a Nazaret para observar a Jesús,
después de haber realizado una misión similar en casa de Zacarías, cerca de
Jerusalén. Vino a Nazaret por insistencia del padre
de Juan. Aunque al principio le disgustó un poco la franqueza de Jesús y su
manera nada convencional de relacionarse con las cosas religiosas, lo atribuyó
a que Galilea estaba lejos de los centros de instrucción y de cultura hebreos,
y aconsejó a José y María que le permitieran llevarse a Jesús a Jerusalén,
donde tendría las ventajas de la educación y de la enseñanza en el centro de la
cultura judía. María estaba casi decidida a dar su consentimiento; estaba
convencida de que su hijo mayor iba a ser el Mesías, el libertador de los
judíos. José dudaba; él también estaba persuadido de que cuando Jesús creciera
sería un hombre del destino, pero estaba profundamente inseguro en cuanto a
cuál sería ese destino. Pero nunca dudó realmente de que su hijo tuviera que
realizar alguna gran misión en la tierra. Cuanto más pensaba en el consejo de Nacor, más dudaba de la sabiduría de esta estancia que
proponía en Jerusalén.
Debido a esta
diferencia de opinión entre José y María, Nacor
solicitó permiso para someter todo el asunto a Jesús. Jesús escuchó con
atención y habló con José, con María y con un vecino, Jacobo el albañil, cuyo
hijo era su compañero de juego favorito. Dos días más tarde, les manifestó que
había diferencias de opinión entre sus padres y sus consejeros, y que no se
consideraba cualificado para asumir la responsabilidad de tal decisión, porque
no se sentía fuertemente inclinado ni en un sentido ni en otro. En estas circunstancias,
había decidido finalmente "hablar con mi Padre que está en los
cielos"; y aunque no estaba totalmente seguro de la respuesta, sentía que
debía más bien quedarse en casa "con mi padre y mi madre", añadiendo:
"Ellos que me quieren tanto, serán capaces de hacer más por mí y de
guiarme con más seguridad que unos extraños que sólo pueden ver mi cuerpo y
observar mi mente, pero que difícilmente pueden conocerme de verdad."
Todos se quedaron maravillados, y Nacor emprendió su
camino de regreso a Jerusalén. Pasaron muchos años antes de que se volviera a
considerar la posibilidad de que Jesús se fuera de su hogar.